“Las minas se acaban, los proveedores no”: el modelo australiano que empieza a mirar la minería argentina

La discusión minera argentina dejó de centrarse únicamente en extracción. Con inversiones proyectadas por USD 40.000 millones hacia 2035, el foco se desplaza hacia cómo desarrollar proveedores, tecnología y servicios exportables capaces de sostener actividad incluso cuando los yacimientos entren en declinación.

En ese debate, Australia aparece como referencia concreta para cámaras empresarias, legisladores y organismos técnicos.

El tema se instaló en el Congreso durante la jornada “Competitividad de la Cadena de Valor Minera”, donde se presentaron los avances del Primer Diagnóstico UIA–CAEM–BID, un relevamiento que analiza documentación técnica de proyectos y entrevistas a empresas para identificar brechas de capacidad en la industria local.

El estudio proyecta un escenario de expansión: más de USD 15.000 millones en litio, producción de 1,5 millones de toneladas de cobre y una demanda creciente de bienes industriales, insumos y servicios especializados.

En ese contexto, el modelo australiano —basado en el ecosistema METS (Mining Equipment, Technology and Services)— surge como caso de estudio. Australia desarrolló una industria para-minera de escala global, integrada por 4.500 empresas proveedoras, con un aporte del 10,4% del PIB, casi equivalente al 11% de la minería extractiva.

El sector sostiene 1,25 millones de empleos, de los cuales 300.000 corresponden a servicios y tecnología, y exporta el 70% de sus soluciones, generando ingresos por A$ 20.000 millones anuales.

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El éxito australiano se apoya en tres pilares:

  1. Información geocientífica abierta, que reduce riesgos exploratorios;
  2. Incentivos fiscales a la innovación, con créditos del 45% para I+D;
  3. Clústeres y centros de investigación cooperativa, que articulan empresas, universidades y Estado.

La jornada en el Congreso también dejó datos sobre el presente local. Bajo el RIGI, los primeros seis proyectos aprobados —por USD 7.511 millones— muestran que el 92% de las provisiones adquiridas son de origen local y el 73% corresponde a la provincia donde se desarrolla cada proyecto. La demanda existe; el desafío es organizar la oferta.

La frase del representante de CAPMIN, Manuel Benítez, sintetizó la visión de largo plazo: “Las minas se acaban, los proveedores no”. La idea es que la minería funcione como palanca para construir una industria tecnológica y de servicios que trascienda el ciclo extractivo.

El enfoque coincide con la posición de la UIA. Franco Mignacco advirtió que la competitividad no se construye con leyes de obligatoriedad de compre local, sino con proveedores capaces de cumplir estándares internacionales. Australia aplica un esquema —el Australian Industry Participation Plan— que garantiza oportunidades de competencia para proveedores locales sin restringir el acceso a insumos nacionales o importados.

La estrategia argentina hacia 2035 requerirá cerrar brechas de capacidad, impulsar joint ventures para transferencia tecnológica, fortalecer clústeres regionales y articular Estado, academia y empresas. El objetivo no es solo aprovechar el ciclo del litio y el cobre, sino desarrollar una cadena de valor que pueda sostenerse cuando los proyectos entren en madurez.

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